Querido Salvador (tan querido que creo que me moriré por quererte):
Todavía sufro por la distancia que nos divide. Si pudiera cruzar el mar con las alas que tu amor me ha dado, volaría a ti en este momento. Te echo de menos más que yo echaría de menos respirar, o sentir la brisa, u oír las canciones de los pájaros.
Cuando te conocí, mi mundo se derrumbó. Por meses no podía comer o dormir o leer o mirar mi telenovela favorita sin pensar en ti. Pasaba todos mis días soñando contigo.
Y ahora todavía no puedo creer que este sueño se realizara aquel día que recordaré para siempre. Me acuerdo tus ojos, tu cabello tan moreno, tus brazos fuertes. ¡Qué yo pueda quedarme todos los días dentro del tu abrazo!
Salvador, mi Salvador, sálvame de la pena que sufro. Regresa, deja esta trabajo loco que ha aceptado. ¿Qué te importa sequía en Europa mientras tu novia tiene sed de tu voz y tus besos dulces?
Me siento perdida sin tu orientación. Tú me pones en paz, me haces tranquila. Cuando estoy contigo, me haces sentar la cabeza. Espero que todo vaya bien contigo para que pronto puedas venir a mi lado, tu lugar. Y entonces podremos reír juntos de nuevo. Por muy lejos estés, nadie puede negar la profundidad de nuestra pasión, cuyo fuego supera todo. No te pongas nostálgico, querido. Siempre estoy contigo, porque me traes dentro del alma, y yo te dentro del mío.
Espero con un corazón que late solamente por el sueño con tu vuelto.
Tuya (siempre),
Laura
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados